lunes, 28 de noviembre de 2011

CRUEL COMO LOS LABIOS CRUELES por Elena Garritani

CRUEL COMO LOS LABIOS CRUELES por Elena Garritani



Hermosa, hermosa, cruel
como los labios crueles
y esa línea de candor
en el arco equívoco de tus cejas
Hermosa, fugitiva presa del amor.
Te derrochas en discrepar con las razones
sin ramitas de fuego en las entrañas
Hay que matar la bestialidad del hombre,
su hipocresía , su soberbia, dices.
Hay que huir hacia el tiempo de la rondas
y girar y girar antes que la risa se oscurezca
en custodiar la llave de puertas clausuradas

Tu, mi amiga, corrías
hacia las flores , hacia el aire y el espacio verdecido
El desafío fue quitando poco a poco
los velos naturales y los otros
Ruge el calcio de locura en la curva de tus huesos
y el hechizo de las naves en el lomo de tu sangre.
Ahora eres una suerte de destino en la caída
- cascada presurosa y mariposa del abismo-
Tus ojos fusilan pájaros de escarcha
irradian rayos de agonía y puro odio de resinas
¿Era amor esa crueldad, ese arco majestuoso
en el calcio de los huesos?
El aire borda incesto entre nubes demasiado blancas
- el sol muere sin tocar la doliente transparencia-
Hermosa, hermosa y cruel como
los labios crueles

jueves, 17 de diciembre de 2009

Los amantes de la calle de los álamos


El sol se apaga lentamente, camina sin obsesión sobre los árboles.
Los últimos atardeceres de febrero engendran un sueño rojo en el horizonte. Los pájaros son un viaje al infinito.
Los amantes de la calle de los álamos se alejan de la blanca casa, donde una lámpara parpadea en el nudo de las cosas. ¿Es para mí la esencia de un poema? ¿Me importa traducirlo en palabras, cuando sé que su marcha es mi camino?
Ellos van hacia el abismo de la primera estrella.
Atraviesa la brisa un silencio de naufragio, se amparan en el nudo de sus manos, de sus cuerpos, de sus bocas.
¿Perseguirán lo eterno del instante o se saben el pálido fulgor de un reino ciego?
Las sombras errantes multiplican sus crímenes. Ellos atraviesan la luz mortecina de algún bar, los focos de los autos, la estrecha ventana, la vidriera desnuda. Nace el deseo, ardiente enmudece la culpa. Emerge en lo oscuro la máscara sonámbula de la luna.


miércoles, 25 de noviembre de 2009

La luna


La luna tiene un hermoso helecho de plata petrificado en el jardín del edén.
Ella es sensible al aullido de los lobos, pero no cambia su reinado por el amor de la noche y menos aún por el esplendor de las estrellas. No se compromete a iluminarnos siempre, pues todo tiene un límite. No le gustaría tener una heredera impostora ni una discípula creada a su imagen y semejanza. Sus secretos los conocen los desamparados, los verdaderos solitarios, esos seres que pasan inadvertidos por casi todos, pero a los que ella ha nombrado con su verdadero nombre y sobre los que ha derramado el dulce secreto de su paseo estelar. El croar de una rana, el silbido de una lechuza, el lento andar del pastor de un rebaño, la agiganta. Los faros cuya luz gira en el océano y retorna, la esperan por las noches en las altas torres del silencio. Ella se desnuda detrás de las nubes y viaja en los barcos, en las frágiles canoas. Desaparece en el agua y corre por el cielo como una niña acosada por una bruja.

Autor: Elena Garritani
Publicado en: Sin naufragio aparente