miércoles, 25 de noviembre de 2009

La luna


La luna tiene un hermoso helecho de plata petrificado en el jardín del edén.
Ella es sensible al aullido de los lobos, pero no cambia su reinado por el amor de la noche y menos aún por el esplendor de las estrellas. No se compromete a iluminarnos siempre, pues todo tiene un límite. No le gustaría tener una heredera impostora ni una discípula creada a su imagen y semejanza. Sus secretos los conocen los desamparados, los verdaderos solitarios, esos seres que pasan inadvertidos por casi todos, pero a los que ella ha nombrado con su verdadero nombre y sobre los que ha derramado el dulce secreto de su paseo estelar. El croar de una rana, el silbido de una lechuza, el lento andar del pastor de un rebaño, la agiganta. Los faros cuya luz gira en el océano y retorna, la esperan por las noches en las altas torres del silencio. Ella se desnuda detrás de las nubes y viaja en los barcos, en las frágiles canoas. Desaparece en el agua y corre por el cielo como una niña acosada por una bruja.

Autor: Elena Garritani
Publicado en: Sin naufragio aparente

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